Mi niñez me siguió toda mi vida

Avatar Pedro Espinosa | 3 agosto, 2018 30 Views 2 Likes

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Se desarrolló a una cuadra de la estación de trenes de Villa Caraza, Lanús Oeste, Provincia de Bs.As.

Calle de tierra cuando no lloviera, sino el barro se apoderaba de nosotros porque el picadito se hacía igual, esa pelota de goma rebotaba por todos lados, mientras que la calma de un barrio apacible se rompía gracias a los revoltosos, que no éramos mucho
El Zurdo, Hugo Pata, Antoñito, Miguel, Hugo Papparelli, el Portugués, Cachito, Mingo, Hugo carnicero y yo, que ejemplares por Dios, más tarde incorporamos a la barra del otro lado de la estación, Huguito, Miguel Cortón, Eduardito, de todos estos no sé quién era el más atorrante, unos indios barbaros, que se juntaban todos los días al terminar el horario de clases en su segundo hogar, “la calle”, con bolitas en el bolsillo, figuritas, algún trompo, balero y no faltaba la gomera colgando del cuello.
Las nenas del barrio también eran pocas, pero las nenas con las nenas y los nenes con los nenes, así era la cosa, nos mezclábamos en pocos acontecimientos en el año, como por ejemplo carnaval, no quedaba de otra, si los adultos jugaban a mojarse las nenas no se quedaban atrás y nosotros no íbamos a estar mirando, la fiesta de San Juan la quema de la fogata, donde los mayores terminaban compartiendo con nosotros.
Hablando de mayores en mi caso particular todos eran padres, a pesar que nosotros nos pasábamos en la calle, los adultos siempre estaban pendiente de que no cometiéramos alguna macana, pero así como nos comíamos algún reto también nos enseñaban.
Mis padres trabajaban durante todo el día así que no podían estar pendientes de mí, pero no estaba solo, estaban los vecinos, estaba mi Mamá Tone, la madre de El Vikingo el luchador de Titanes, ella me apañaba me mimaba, vieja dulce y bella, mi segunda mamá por siempre, portuguesa de origen, modista de oficio y madraza por naturaleza que amare eternamente…
Otro personaje Doña Urbana, también portuguesa, que competía en quererme y mimarme, Don Páez su esposo y mi padrino de confirmación, así pasan en la lista Don Antonio, Doña Teresa, Doña Isabel, he inolvidable Don Pascual Papparelli que nos enseñó a cazar ranas y anguilas, él se tomaba su tiempo, con sus hijos Mimi y Hugo nos llevaba, a los chicos del barrio a jugar al campito, que llegaba hasta el riachuelo y en una inmensa laguna “La pociatica” nos enseñó a casar las ranas y las anguilas.
Como olvidarme de estos personajes de mi niñez, por lo que siento un enorme agradecimiento por sus enseñanzas y en particular me imprimieron esa nobleza del ser, debe ser por ello que mi niñez me sigue hasta en mi adultez. 
Mi niñez fue escasa de juguetes pero no de ingenio para jugar, mi niñez fue escasa de tecnología, pero no de atención, siempre tuve un adulto que me supo corregir y contener.




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